No sé si te mató la fábrica
o si alguien te rompió el corazón
de tal manera
que se te paró desde arriba
como en un portazo;
yo sólo sé que te has ido,
a la misma edad
y de lo mismo que la mama.
Dejaste el sillón con dos mantas,
dos cojines
y unas velas cubiertas de polvo
que hoy son ceniza.
Y yo no quiero oír más ese mantra
insoportable
que repite: "estas cosas pasan".
Aquí y ahora, duele todo.