Sigo en pie
a cuatro brazos
y aún me faltan palmas
de la muñeca a los dedos
para circular los días;
como un coloso
que viene de lejos
y traspasa la fantasía
de hoy,
del amanecer que ocurre;
y muero ahí,
en cada instante
desolado
que se repite una vez
y tantas más
sin previo aviso;
y sólo conozco el destierro.
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